viernes, 17 de octubre de 2014

Apúrate, hay mucho que hacer. Venga, venga, vengaaa


Demasiada información. Demasiadas fuentes, demasiadas alternativas y demasiada libertad para usar todas las anteriores cuando nos dé la gana.

Recuerdo cuando tenía que esperar a que fuera viernes a las 7pm para ver un capítulo nuevo de Friends. Era desesperante y maravilloso. Excitante.

Ahora publican toda la temporada de una serie en el mismo día. Así que me meto unos atracones inmensos de una serie, luego se me acaba esa, pero como sigo teniendo en la punta de los dedos la capacidad de encontrar otra serie que me guste y verla de principio a fin en 1 semana, pues ¡a por ello!

No tengo tiempo de pensar. No tengo tiempo de sentarme a contemplar. No tengo tiempo de escribir y volcar mis ideas y sentimientos en el papel. No tengo tiempo para identificar cuáles son esos pensamientos o sentimientos. Hay mucho que hacer. Está todo allí. Apúrate. Vengaaa.

Así que más o menos así transcurre mi mañana:

Prende el ordenador, ponte a traducir. Pero espera que hay que ver las noticias rapidito. Ah! y aprovechar de buscar los efectos secundarios del antibiótico que me acaban de mandar. Bueno, mejor traduzco un poco y luego me pongo con eso. Aunque pensándolo bien, mejor me pongo a terminar mi página web de los traductores para buscar nuevos clientes. Uff, pero qué pereza. Déjame liberar un poco la mente terminando aquél video que empecé hace días. Ostras, el programa se me cierra. Tal vez si libero la caché y limpio las cookies y paso el defragmentador de disco la cosa mejore. Bueh, ya lo terminaré luego. Venga, a traducir. Jolín otro mensaje por el guasap. Déjame hacer la transferencia de compra de material del Club de ping pong antes de que se me olvide. Vale Kela, te abro la puerta para que salgas. Vale Kela, te abro la puerta para que entres. ¡Ostras es la 1pm y no he hecho la comida! Déjame revisar el correo (por enésima vez) antes deponerme a cocinar. ETC. ETC. ETC.

Así que, ¿cómo se rompe esto? ¿Cómo es que me pasan los días y no he llamado a mi mamá, ni a mi amiga Sandra, ni he hecho la cita para llevar el coche a la revisión, ni he meditado, ni he escrito, ni he pensado, ni he sentido? (lo acabo de hacer otra vez, acabo de revisar el correo…por si ha llegado algo en los últimos 3 minutos)

¿Cómo es que siempre estoy tan ocupada y me cuesta tanto levantarme de esta silla para salir a caminar con mis queridas perras? ¿Cómo se puede estar tan ocupada sin tener un trabajo de 9 a 6?

Ya está. Basta. Hoy se rompe. Ahora se rompe. Hoy he ganado una batalla escribiendo esto. Sí, ya sé que suena a poco. Pero a mí me sabe a mucho.

viernes, 2 de marzo de 2012

ROMPER EL SILENCIO DE LA VIOLENCIA DOMÉSTICA

Es muy probable, lamentablemente, que muchos de nosotros conozcamos a alguien que ha sufrido una situación de violencia doméstica (física, psicológica o de las 2). O no. Lo más probable es que conozcamos a alguien que esté o haya estado en esa situación y jamás nos lo haya contado. Y quiero destacar el término “violencia doméstica”, porque no se trata únicamente de violencia de género, de hombre-que-maltrata-a-mujer. También se sucede en parejas del mismo sexo y también sucede que la víctima es el hombre y la maltratadora la mujer. Pero no quiero entrar en los detalles de la violencia en sí, que son infinitos y muy complicados. Quiero entrar en lo que los terceros pueden hacer para ayudar a una persona que está sufriendo esa situación.

El silencio de la víctima es una de las mejores armas del maltratador. Lo protege y lo mantiene integrado perfectamente en la sociedad, como uno más, porque nadie sabe lo que está haciendo.

Las campañas de ayuda muchas veces quieren alentar a las víctimas a que hablen y rompan el silencio. Pero, ¿por qué es tan difícil?

Porque la primera pregunta que un tercero (un hermano, una madre, un amigo, alguien que ama a esta persona) hace a una víctima cuando ésta le cuenta lo que está sufriendo es: ¿Y cómo has podido permitir eso?, seguida de ¿Cómo has aguantado esa situación durante tanto tiempo? ¿Por qué no has hecho nada? ¿Por qué no has hablado antes? ¿Y tú con ese carácter, le has permitido todo eso? ¿Pero si él/ella te ama!? ¿No estarás exagerando? (también es importante destacar, que nunca te lo va a contar todo a la primera…seguro que no está exagerando, probablemente se esté guardando lo peor, porque se avergüenza de lo que le está sucediendo) e infinidad de preguntas de este tipo. Preguntas que la persona maltratada se ha hecho a sí misma infinidad de veces y durante mucho tiempo. Preguntas que la hacen sentirse “responsable” de lo que le ha pasado.

Nadie sabe el infierno interior que vive una persona en esta situación.

Vive el maltrato de su pareja, vive el juicio de la sociedad que salta a preguntarle por qué no ha solucionado su situación y, por último, vive el maltrato constante que ella misma se hace por “permitir” que todo esto le esté pasando.

Estas situaciones no son fáciles. Ni para el que la sufre ni para el que sabe que un ser amado la está sufriendo. Así que nos toca actuar.

Lo primero que hay que hacer si alguien te cuenta algo así es fomentar la confianza. Hacerle saber a esa persona que en ti sólo va a encontrar apoyo, jamás una crítica ni un juicio. La primera pregunta que tiene que salir de tu boca es ¿Cómo puedo ayudarte? Y seguidamente hacerle saber a esa persona que estás allí, que cuenta contigo, que no está sola.

Jamás juzgues a una persona en esta situación. La  mayoría de nosotros está segura de que nunca permitiría una situación así o de que eso sólo le pasa a cierto tipo de persona. No es así. Te lo aseguro. Le puede pasar a cualquiera y salir de allí requiere de mucho apoyo externo.

Como sociedad tenemos que cambiar la forma de abordar este asunto. Seguramente la persona, en el momento adecuado, te contará cosas que explicarán el por qué ha estado allí todo ese tiempo. Pero no se lo preguntes, sólo la hará sentirse impotente, incapaz y que, de alguna forma, se merece lo que le está pasando. Y es terrible que cualquier persona llegue a pensar que se merece que le suceda una situación así.

Recuerda: ¿Cómo puedo ayudarte?

Que esa sea tu primera pregunta. Que se sienta apoyad@ y respaldad@. Que no le dé vergüenza contar lo que le está sucediendo.  Creo que es una de las mejores cosas que podemos hacer para ayudar a ROMPER EL SILENCIO. Y ese es el primer paso. Porque si esa persona se siente apoyada, empieza a recuperar su fortaleza. Y si logramos que confíe en nosotros, entonces podemos alentar a esa persona a buscar ayuda profesional y ayudarla a salir de esa situación.

lunes, 20 de junio de 2011

La Revolución Definitiva

       Por dondequiera que miremos hay descontento, descontento por los políticos, los banqueros, los inversores, los especuladores, los comerciantes, los gobiernos, los militares, la crisis…y la lista es interminable. Pareciera que a nivel mundial cada vez más la gente pide transparencia, pide verdades, pide la abolición definitiva del engaño y pide justicia. Se empiezan a escuchar ideas revolucionarias, las poblaciones piden a gritos el final de los gobiernos corruptos y comienzan a surgir líderes que pregonan a los cuatro vientos las desgracias de los dirigentes pasados y la necesidad urgente de un cambio radical.
     Creemos que la culpa de todas nuestras desgracias radican en el exterior: los políticos, los banqueros, los inversores, los especuladores, los comerciantes, los gobiernos, los militares, la crisis…la misma lista, interminable.
     Pero se nos está olvidando el factor común y determinante de todo lo anterior. Se nos está olvidando que hay una crisis tremenda de valores. Pero no sólo de los políticos, los banqueros, los inversores, los especuladores, los comerciantes, los gobiernos, los militares…sino del ciudadano común. De todos y cada uno de nosotros. Porque pensamos que si yo no entro a una tienda a robar, o no tengo un cargo público importante que me permita hacer todas las triquiñuelas posibles, entonces yo estoy limpio, yo no soy como “ellos”. Pensamos que el empresario que no paga impuestos debe ir a la cárcel, pero si yo no declaro ciertos ingresos para pagar menos impuestos, no es tan grave. No se puede comparar a ese avaricioso conmigo.

Pero es que los valores profundos de los que hablo van mucho más allá. Hablo del respeto, de la honestidad, de la humildad, de la compasión, de la aceptación de que todos los seres humanos somos exactamente iguales, de la no necesidad de “joder” al otro antes de que me joda a mí, del pensar “bueno, si no quiere que lo jodan que espabile!”.
Cuando veo “revoluciones” cargadas de ira, que crean más odio y más rencores, sólo puedo sentir una gran tristeza. Mahatma Gandhi lo dijo muy claro: “ojo por ojo, el mundo se quedará ciego”. La gente desesperada por lo que “le están haciendo los poderosos” se lanza a apoyar pseudo-líderes que sólo crean más caos, y más desesperación.
    Se nos olvida que la revolución más importante, más duradera y más efectiva es la revolución que cada uno de nosotros debe (porque es un deber) llevar a cabo en su interior y por extensión a su círculo de influencia. Es la revolución del valor, de la honestidad, del respeto a los demás, de la compasión, del compromiso de no aceptar la discriminación de nadie, del examen de conciencia, de la creación de conciencia. Y aquí es importante no pensar que es estúpido, que así no se puede ir por la vida, que a este paso no llegaremos a ningún lado. Es el camino más fiable para llegar a ese nuevo mundo que estamos pidiendo a gritos. Ningún poder económico, político, religioso o social es capaz de resistirse a una población pacífica, honesta, incomprable, justa y consciente. Y es entonces cuando pueden surgir líderes reales, Líderes en todo el sentido de la palabra. Personajes que con una voluntad inquebrantable y un sentido de la honestidad y del trabajo por los demás, pueden ayudarnos a llegar a donde queremos llegar. No es casualidad que los grandes líderes de la humanidad hayan sido seres con un sentido de la espiritualidad intenso. No es casualidad que estos seres hayan antepuesto el bienestar de la humanidad al bienestar propio. No es casualidad que todos y cada uno de los verdaderos líderes, esos que seguimos recordando con admiración total, hayan decidido llevar una vida llena de valores. No podemos dejar todo en sus manos, no podemos recordarlos como seres inalcanzables e inimitables. Ellos han enseñado que somos todos iguales, que dentro de cada uno de nosotros palpita una vida valiosa y que absolutamente todos, sin excepción, podemos lograr hazañas iguales y mucho mayores que las que ellos lograron. Tenemos que hacer justicia al trabajo que todos ellos han realizado y poner nuestro granito de arena. Sólo tenemos que decidirlo. Tenemos que crear valores en nuestras vidas. Es urgente. Tenemos que enseñar a nuestros niños, desde muy pequeños, lo importante de estas virtudes, pero eso se logra únicamente mediante el ejemplo. Es la única manera de construir una revolución definitiva, duradera y real. A una población que cultiva estos valores no se la puede engañar. Una población de este tipo no elije líderes de pacotilla.
     Este es nuestro momento. Tenemos la oportunidad de dejar de desear que alguien nos arregle la vida y la situación. Es el momento de tomar las riendas, de decidir cómo quiero que sea mi vida, mi sociedad, mi mundo. Es el momento de la responsabilidad. Momento excitante e interesante aunque no fácil. Porque implica dejar de echar la culpa a “los demás” (la famosa lista interminable) y eso ya no es tan cómodo. Pero les garantizo que es satisfactorio. Desde aquí invito a todos a que nos sumemos a esta revolución. Una revolución así, de base, profunda, es la que puede tener resultados duraderos. La revolución interior, la revolución de la paz a toda costa, la revolución de los valores.

Mónica

martes, 5 de octubre de 2010

PARA. STOP.

Llevas años corriendo en una dirección que no te ha llevado a ningún lado. PARA! Pregúntate qué quieres, realmente, en el fondo de tu corazón. No tiene sentido seguir corriendo sin cesar para llegar a ningún lado. El día que dejes de correr hacia ninguna parte comenzarás a ver el camino más claramente. Corres porque crees que así al menos te diriges a algún lado, pero la verdad es que esto es falso. No avanzas, sólo retrocedes, sólo te alejas más y más, pones una venda en tus ojos y ya no ves tu camino. Para. Por más angustioso que creas que puede ser. Para. Respira. Conéctate. Y espera. Con fe, con paz, con expectación, con ganas y esperanzas. Poco a poco se irá desvelando el camino, porque éste te reconocerá y decidirá mostrarse ante ti. No podrá mostrarse mientras sigas corriendo, y aunque lo hiciera, tú no te darías cuenta. PARA.

jueves, 24 de julio de 2008

Siempre, Siempre, SIEMPRE… ES PARA TU MAYOR BIEN!!

La Fe suele ser un concepto bastante difícil de asimilar y me atrevería a decir que para más del 90% de los seres humanos. Solemos decir que sí tenemos fe, que sí creemos, que si confiamos. Y a la primera señal de que las cosas no van como nos gustaría que fueran o como las planeamos previamente entramos en pánico o en rabia o en depresión. Son 3 de las reacciones más comunes a los fallos que se producen en nuestros planes y expectativas. Y quiero decir que si me atrevo hablar de ellas es porque las conozco muy bien desde adentro, es porque las he atravesado un millón de veces.

Cuando entramos en pánico nos vienen pensamientos del tipo “Dios mío, y ahora qué voy a hacer?”, “cómo salgo de esto?”, “cómo hago para que suceda lo que yo pensé que sucedería?”, “y ahora cómo explico que he fallado de nuevo?”. Sentimos dolor de estómago y una angustia incontrolable en el plexo solar, se acelera el corazón y la cabeza da vueltas a 200km/h sin saber ni siquiera qué pensar.

Cuando es la rabia la que se apodera de nosotros, podríamos morder a ese “idiota” que se atravesó en mis planes y me los destrozó. En esos momentos en que no sucede lo que esperábamos podemos sentir rabia hacia las circunstancias, hacia los cambios, hacia determinadas personas en incluso hacia Dios. Cuántas veces hemos pasado por esos momentos de preguntar a Dios, en un arranque de rabia y soberbia, ¿Cómo permites que me pasen estas cosas? ¿Por qué a mí? ¿Dónde estás cuándo más te necesito? Luego se apodera de nosotros la amargura y probablemente pasemos a la otra fase, la depresión.

Aquí es cuando sentimos que no vale la pena nada, no vale la pena tanto esfuerzo y tantas oraciones, tantas energías depositadas en un proyecto que, al final, se ha derrumbado. Y a partir de aquí quedamos sumidos en una gran tristeza que nos lleva a la apatía y a la no-acción. Pero de un modo negativo, pesimista y sin ningún tipo de esperanza de recuperarnos.

Tal vez parezca demasiado simplista, pero estos 3 estados pueden evitarse y corregirse si logramos internalizar una frase que leí hace muchos años en un libro pequeñito y lleno de sabiduría que se llama “El Pequeño Libro del Tiempo” de Scot Shaw:
“Tu deseo quizá sea que una experiencia vivida en el pasado fuera diferente de lo que en realidad fue, pero quién sabe qué resultados negativos habrías tenido, de hecho, si hubieras vivido la experiencia como te gustaría haberla vivido”

Y aquí es donde paso ha hablar de la Fe como la concibo hoy en día. La Fe para mí era pensar que si deseaba algo con la suficiente fuerza, si oraba lo suficiente por ese algo, si además me esforzaba al máximo y daba todo de mí por alcanzarlo, entonces lo lograría. Basaba mi seguridad y felicidad interna en el alcance de ese algo. Y estaba segura de que con Fe y acción podría conseguirlo.

Ahora les pregunto: ¿han conocido a alguien alguna vez que, teniendo este tipo de fe, siendo tenaz y persistente y actuando en pro de un objetivo, haya fallado? Yo sí. De hecho la veo todos los días en el espejo. Y cuando fallas, a pesar de haber hecho todo lo absolutamente necesario (y un poco más), cuando te has dejado la piel y el alma por conseguir eso (lo que sea que para ti sea importante en ese momento), entonces la caída es brutal. Pasas del no entender nada al miedo, luego a la rabia y por último a la depresión. Porque es justo en ese momento de aterrizaje forzoso en el que perdemos toda Fe y toda esperanza.
Y es ése, precisamente, el momento más importante de todos, y donde aparece la Fe como la concibo hoy en día. En este momento la Fe cambia y en vez de ser “la seguridad plena de que Dios me escucha y que lograré lo que quiero” se convierte en “la seguridad plena de que está sucediendo lo mejor y más conveniente para mí”. Y ya los puedo escuchar casi gritando “¿Cómo vas a decir que lo mejor para mí es que no haya logrado conseguir ese trabajo, que haya perdido tal o cual cosa, que después de tanto trabajar mi negocio nuevo no haya funcionado, que no suceda NADA como lo había planeado?!!!
En este preciso momento no sabría darte explicaciones exactas de por qué eso es lo mejor para ti ahora. No podría mostrarte todas las puertas que se te abrirán a partir de esta tragedia, no puedo enseñarte con claridad las nefastas consecuencias que ese plan tenía para ti. Y no puedo porque es aquí donde se practica la Fe. Siempre, siempre, SIEMPRE, sucede lo mejor. La Fe es la creencia y la confianza plena en que hay algo mejor para ti de lo que tú mismo planeabas. Es confiar en que el plan de Dios es perfecto y te incluye a ti, mientras que el tuyo muchas veces no lo es. Es confiar plenamente y en ese momento de total incertidumbre en que viene algo mucho mejor. Mucho MEJOR. Es esta clase de Fe la que te levanta y no deja que caigas en la depresión, la rabia o el pánico, sino que más bien te lleva a enfrentar estas situaciones de la vida con una especie de sustico agradable, con los ojos y el alma abiertos sabiendo que viene algo mejor. Es lo que te ayuda a abrirte a recibir, en vez de encerrarte como una ostra en conflicto con todo.

Es sólo cuestión de tiempo. En el momento de la tragedia agárrate a esta Fe. Te prometo en que en cuestión de tiempo, no me preguntes cuánto tiempo porque ya eso depende de Dios, verás la ganancia. En esos momentos te invito a que hagas una afirmación: “Cada vez que parece que pierdo, una ganancia Mayor está en camino” y espera.
Entra aquí en juego la otra lección, la Paciencia, pero de esto les hablaré otro día :)

jueves, 28 de febrero de 2008

Milagros

Somos “manifestadores” de Milagros. Somos hacedores de hazañas “imposibles”. Imagina frente a ti una gran bola. Bueno, no una bola, sino más bien una gran masa del tamaño de tu cuerpo que se ubica justo frente a ti. Pareciera que te toca pero en realidad no la sientes en tu piel, la sientes casi como una prolongación de tu propio cuerpo y se une al tuyo a través del tercer ojo. Una gran bomba cargada de milagros, de sueños perdidos, de cosas “imposibles”. Y está allí. Justo frente a ti. Mejor aun, está unida a ti. Y puedes sentir claramente como, al estirar tu mano un poco hacia adelante, ésta se sumerge en la gran bola. Y entonces todos los sueños perdidos, los milagros, las situaciones y cosas “imposibles” están allí, jugueteando entre tus dedos. Y ríes, ríes a carcajadas, de felicidad, de alegría, de amor, y estás en Paz. Sabes que todo te pertenece, que todo está a tu alcance, que todo está unido a ti. Es el milagro de la conciencia. Del darnos cuenta, de entender que no nos hace falta “hacer” nada, no hace falta que nos esforcemos. TODO está allí, frente a ti, conectado a ti. Y luego viene otra parte, la de descubrir que ni siquiera tienes que “estirar la mano” para tocar el TODO, puedes sentirlo vibrando y bailando DENTRO de tu mismo ser. Dice Wayne Dyer “Si es para ti, YA ES”.
No hay preocupaciones, angustias ni desesperación. Todo está en Orden. El Milagro ya está hecho. Sólo te toca esperar. Esperar con Fe, con Alegría, con la perfecta y agradable sensación de que “está en camino”. Agradeces incluso de antemano, agradeces a Dios, a la Vida, a la Fuerza Universal la manifestación de tus sueños y esperanzas. Y entonces entregas, descansas en la seguridad de que Siempre nuestras expectativas se ven superadas, Siempre lo que nos envía el Universo es mucho mejor de lo que esperábamos, a veces incluso mejor de lo que pensábamos que merecíamos. El Orden Divino es perfecto. Descansa, agradece y sonríe, disfruta, ama y espera. Todo está Bien. Todo está en Orden

domingo, 24 de febrero de 2008

De Vacaciones! :)


Sales de tu oficina con una gran sonrisa en tu rostro. Por fin! Hoy es tu ultimo día de trabajo antes de salir de vacaciones de verano. Llegas a casa, haces el equipaje lleno de emoción pensando en el maravilloso mes que te espera, ultimas detalles y…listo! Tomas las llaves del coche y emprendes tu camino. Mientras conduces vas imaginando lo que harás. Descansarás mucho, te bañarás en el mar todas las veces que puedas, aprenderás nuevos deportes, tal vez windsurf, buceo…En fin, aprovecharás cada segundo de cada día que estés en ese sitio paradisíaco, te divertirás, harás lo que más te gusta, dejarás las preocupaciones de lado y te tomarás todo menos en serio. No dejarás que pequeñeces te amarguen ese maravilloso viaje. Qué sensación tan agradable.
Y mientras conduces también piensas en las cosas que tienes en tu ciudad y que no aprovechas. “Pero bueno -te dices a ti mismo- cuando te envuelve la rutina, cuando vives en el mismo sitio durante varios años, te acostumbras, pierde la magia, te ves envuelto en responsabilidades y situaciones que hacen que pierdas de vista esas cosas”.
Algo muy parecido nos sucede con la vida en general. Como dijo Deepak Chopra “No somos seres humanos viviendo experiencias espirituales, somos seres espirituales viviendo experiencias humanas”. Un día decidimos hacer las maletas y embarcarnos, llenos de emoción por lo que venía, en este maravilloso viaje de vida terrenal. Veníamos llenos de ganas de descubrir este maravilloso planeta y la gran cantidad de vivencias, emociones, sensaciones y aprendizajes que encontraríamos aquí.
De niños cumplimos a la perfección nuestras expectativas. Se nos pasaban los días entre descubrir a las hormigas, pasar horas en el mar (aunque nuestra madre perdiera la voz de tanto llamarnos a comer y aunque nuestra piel terminara arrugada como una pasa), montar en bicicleta, acostarnos a descifrar el lenguaje secreto de las nubes y un sin fin de actividades maravillosas y agradables.
Más tarde fuimos creciendo y fuimos aprendiendo la importancia de la responsabilidad y de ganarse el sustento. De que en esta vida nadie te regala nada y que tienes que luchar a muerte por conseguir tus metas. Y muchos lo logran en el sentido literal. Muchos mueren de infartos, úlceras e innumerables enfermedades que tienen una causa común. Estrés.
Se nos olvida que este no es nuestro hogar. Como dice Wayne Dyer, este es un pequeño paréntesis en la eternidad. Se nos olvida que venimos aquí durante un tiempo pequeñísimo y se nos olvida que podemos de disfrutar de miles de cosas. De miles de regalos. Que sí nos regalan un montón de cosas. Nos regalan montañas, ríos, amaneceres, atardeceres, hermosos árboles, flores espectaculares, animales adorables y miles y miles de cosas cada día. Nos regalan la posibilidad de sentir con nuestra piel, de ver, de oler, de amar y de sentir no sólo con el cuerpo. Se nos olvida que estamos aquí de vacaciones. Que podemos hacer de nuestra vida y nuestro trabajo algo divertido y agradable. Que podemos elegir.
Este no es nuestro hogar. Y sólo nos llevamos las alegrías, las tristezas, las experiencias y los aprendizajes. Igual que al volver de unas vacaciones de verano no nos podemos traer el mar, pero sí lo bien que lo pasamos.
No pretendo con ésto decir que debemos olvidar la hipoteca, los giros del coche, las responsabilidades adquiridas aquí. Pero sí que tenemos a nuestra disposición demasiadas cosas de las cuales disfrutar. Que si tu trabajo no te gusta o te genera frustraciones, puedes elegir. Puedes en este momento cambiar y buscar algo que te agrade, que te haga volver a casa feliz de lo que has hecho durante el día. Que te llene de ese sentimiento de haber disfrutado de las últimas 8 horas.
Estamos aquí durante un pequeño tiempo, un pequeño paréntesis.
Mira de nuevo a tu alrededor. Mira con una nueva perspectiva. Estás de vacaciones y no sabes hasta cuándo, así que disfrútalas, sácales partido, aprende y disfruta todo lo que puedas. Es TU vacación, es tu paréntesis. Ahora lee de nuevo el primer párrafo y embárcate en este maravilloso viaje. Que disfrutes!
Mónica González